Petite Mariè

19 de octubre de 2007

Siempre me ha gustado la escuela, de chica me encantaba ir a mi jardin de niños porque le daba vuelo a la hilacha en ese lindo carrusel que había en el patio. Era pequeñito, con solo 4 caballitos, pero adoraba subirme al color rosa y sentirme que era una princesa que galopaba en el campo. Nunca lloré y no sé de dónde lo sacó mi hijo, que a casi 2 meses en el colegio sigue pegando berridos.

En fin, muy pronto me enviaron a la primaria, de hecho entré 1 año adelantada y casi al finalizar el ciclo escolar. El primer día de clases el maestro Caracas -un viejecillo medio ojete- me mandó sentar al único lugar disponible en un salón con más de 40 alumnos, madre mía, que locura!

Aún la recuerdo, estaba quietecita haciendo sus deberes y cuando vió que me senté se presentó conmigo: "Hola, me llamo María Luisa".

En ese entonces yo tenía tan solo 5 años. Han pasado casi 25 desde ese día y aún somos amigas. Estudiamos juntas toda la primaria y la preparatoria, solo nos separamos 3 años en la secundaria pero siempre seguimos en contacto. La universidad la hicimos lejos pero en cada oportunidad nos veíamos, hasta que en el último año ella se fué a Xalapa a terminar y fué ahí cuando oí por primera vez acerca de emigrar a Canadá de su misma boca.

"¿Por qué te quieres ir? ¿qué vas a hacer allá?" -le pregunté con cara de asombro-
"Yo estoy pensando a futuro, quiero algo mejor para mi y para los hijos que algún día tendré" -respondió ella muy segura de si misma-.

Para mi que estaba loca, ¿cómo era posible que quisiera irse tan lejos de su país? no conocía a nadie ni hablaba el idioma. ¡Qué ocurrencias!

Pero lo hizo. Desde el 2003 está en Montreal y yo fuí testigo de su lucha por llegar, de su empeño en ahorrar dólares, en aprender francés, y de hecho se mudó a Xalapa porque allá estaba la Alianza Francesa y quería mejorar su nivel. Me compartió de sus trámites y su entrevista e incluso me invitó al café a darme la noticia de que se iba.

Todos dijeron que estaba loca. Pero al mismo tiempo yo sufría lo mismo por querer alcanzar a mi amado en Bulgaria, así que finalmente la comprendí y le dí mi apoyo. Todas las demás se lo negaron y la ignoraron.

Hoy está establecida allá, su vida no es perfecta pero tiene un trabajo en el área en la que se preparó, su mamá se fué con ella, hace unos 2 años sus hermanos la alcanzaron, encontró el amor en un buen muchacho canadiense de origen griego y en mayo del próximo año se nos casa (finalmente!!!). Qué inspiración... y yo malgastando mi tiempo aquí yendo a ningún lado.

Esa es Maguicha, como le decimos sus amigos o Petite Mariè como la llama el pelón. Llena de coraje, incansable en su búsqueda de la felicidad.

Son casi 25 años de amistad y ahora está allá, en Montreal, echándome porras, ayundándome, aconsejándome y aguardando el día en el que la alcanzaré, para retomar nuestra amistad donde la dejamos, acordarnos de nuestras anécdotas, reírnos de las tonterías que hicimos en la escuela y platicar por horas sobre nuestros sueños.




Esta es ella
(foto actualizada a petición de la interesada)